Bodegas
Detrás de cada botella hay una bodega con su propia historia. Elegí una para ver todo lo que tenemos de ella.
Alamos
1Mendoza, Argentina
Alamos nace bajo el ala de una de las familias más determinantes en la reinvención del Malbec argentino: los Catena, presentes en la vitivinicultura mendocina desde que Nicola Catena plantó su primer viñedo en 1902. Su nombre rinde homenaje a los álamos que bordean los viñedos de altura de Mendoza, esos árboles que durante generaciones oficiaron de barrera natural contra los vientos fríos que bajan de la cordillera. Pensada como la puerta de entrada al universo Catena Zapata, esta línea toma la mitad de su uva de los propios viñedos familiares, lo que le permite trasladar a un precio accesible parte del criterio y la búsqueda de identidad que caracterizan a la bodega madre. En la copa se nota esa vocación: fruta franca, definición varietal y un perfil que privilegia la frescura por sobre la sobre-extracción.
Angelica Zapata
1Lunlunta, Maipú, Mendoza
Detrás de esta etiqueta hay una historia familiar antes que una estrategia de marketing: Angélica Zapata fue la madre de Nicolás Catena Zapata, directora de una escuela rural, quien le transmitió la convicción de que la tierra mendocina podía dar vinos de clase mundial. Su nombre bautiza también el viñedo homónimo del distrito de Lunlunta, en Maipú, plantado alrededor de 1930 sobre suelos de canto rodado y arcilla junto a un antiguo cauce seco, a más de 900 metros sobre el nivel del mar. Trabajando esas vides viejas, Nicolás Catena elaboró en 1994 el primer Malbec que llevó el apellido de la familia a la crítica internacional. La línea hereda ese origen: uvas de bajo rendimiento, maduración lenta y taninos aterciopelados que reflejan la altura y las piedras de Lunlunta.
Anko
1Tolombón, Cafayate, Salta
En lo alto de Tolombón, sobre la ladera oriental de los Valles Calchaquíes y a 1.700 metros sobre el nivel del mar, la familia Saavedra Azcona —viticultores salteños de varias generaciones— se asoció con el ingeniero agrónomo y enólogo Alejandro Sejanovich para dar forma a este proyecto, que abrió sus puertas a comienzos de 2017. Las primeras cepas del predio se plantaron en 2009, con el Malbec como protagonista indiscutido, acompañado por lotes de Petit Verdot, Garnacha, Cabernet Sauvignon y Marsanne que dan cuenta de la vocación exploratoria del equipo. Anko es la etiqueta que sintetiza esa búsqueda: reflejar sin maquillaje el carácter de un terroir extremo, donde la amplitud térmica y la luz de la puna moldean vinos de perfil mineral y tensión marcada.
Asa Nisi Masa
1Valle de Uco, Mendoza
El nombre es un guiño directo al cine: en "Ocho y medio" de Fellini, "Asa Nisi Masa" es la fórmula mágica que los chicos inventan para que los adultos no los entiendan. Con esa misma libertad trabajan Quentin Pommier y Thibault Lepoutre, dos enólogos franceses que llegaron a Mendoza en 2007 buscando otra manera de hacer vino y encontraron en el Valle de Uco el lugar para su proyecto, Mundo Revés. Asa Nisi Masa es la línea sin paso por madera de la bodega, pensada para conservar intacta la fruta y la frescura de uvas cosechadas en Altamira, Vista Flores y Chacayes, entre 1.100 y 1.300 metros de altura. La primera cosecha, un Malbec de 2015, marcó el inicio de un estilo que privilegia la energía y la bebibilidad, con una producción deliberadamente pequeña, de apenas unas 20.000 botellas por año.
Bressia
1Agrelo, Luján de Cuyo, Mendoza
Walter Bressia es de esos enólogos que atravesaron buena parte de la historia moderna del vino argentino antes de firmar un proyecto propio: formado en bodegas de referencia como Nieto Senetiner y Vistalba, en 2003 se animó a poner su apellido en la etiqueta, en Agrelo, Luján de Cuyo. Bressia es, ante todo, una empresa de familia: su esposa, sus cuatro hijos, su yerno y su hermana participan del proyecto, inspirado en un modelo de gestión de tradición europea donde el oficio y la sensibilidad conviven sin jerarquías rígidas. La bodega parte de viñedos propios en la finca de Agrelo y suma exploraciones en altura en el Valle de Uco y la Quebrada de Humahuaca para sus vinos de autor, elaborados en lotes pequeños con vinificación separada por parcela. Etiquetas como Profundo, Conjuro, Lágrima Canela o Última Hoja concentran ese criterio: intervención mínima y fidelidad al origen.
Burbujas de Altura
29Cafayate, Salta
Bodega de los Valles Calchaquíes, en Cafayate, Salta. Vinos y espumantes de viñedos de altura, con método Champenoise tradicional en su línea de burbujas.
Casa Reyes
16Argentina
Catalpa
1Tupungato, Valle de Uco, Mendoza
Catalpa toma su nombre de un árbol de flores blancas y aromáticas que puede alcanzar los seis metros de altura, y funciona como la línea premium dentro del universo de Bodega Atamisque, en el distrito de San José, Tupungato, a 1.300 metros sobre el nivel del mar. Se ubica un escalón por debajo de la etiqueta insignia de la casa y por encima de los vinos jóvenes de la línea Serbal, ocupando el lugar central en la pirámide de calidad de la bodega. La gama incluye un corte y cinco varietales —Chardonnay, Malbec, Merlot, Petit Verdot y Cabernet Sauvignon— elaborados con uva del Valle de Uco y criados en roble francés durante 12 meses (6 meses en el caso del Chardonnay). Es, en definitiva, la puerta de entrada al estilo de Atamisque: vinos de altura, con la impronta de suelos de piedra y la amplitud térmica del valle.
Colomé
1Molinos, Salta
Pocas bodegas en el mundo pueden decir lo que dice Colomé: que sigue elaborando vino en el mismo lugar donde empezó, en 1831, cuando el gobernador español Nicolás Severo de Isasmendi la fundó cerca de Molinos, en los Valles Calchaquíes. En 1854 su hija Ascensión, ya casada con José Benjamín Dávalos, introdujo allí las primeras vides francesas de Malbec y Cabernet Sauvignon prefiloxéricas. La historia moderna empieza en 2001, cuando el empresario suizo Donald Hess compró la propiedad y llevó la viticultura de altura a un extremo hasta entonces inexplorado: hoy Colomé tiene viñedos a 3.111 metros sobre el nivel del mar, entre los más altos del mundo. Hess convirtió un paraje aislado de Salta en una bodega con más de 180 empleados y 280 hectáreas propias. El resultado son vinos de altura extrema, de acidez viva y taninos finos, con casi dos siglos de continuidad detrás de cada cosecha.
Cordero con Piel de Lobo
1Mendoza, Argentina
El nombre juega con el dicho popular sobre quien parece no tener demasiado futuro y termina sorprendiendo a todos: la misma ironía con la que José Millán, empresario de supermercados sin trayectoria previa en el vino, bautizó a Mosquita Muerta Wines, el proyecto familiar del que forma parte esta etiqueta. La bodega arrancó en 2010 en Los Toneles, en la ciudad de Mendoza, y hoy trabaja con una selección de parcelas de las más de 800 hectáreas de viñedos familiares repartidas en zonas clave del Valle de Uco como Gualtallary, Vista Flores, El Manzano, Chacayes y La Consulta. Al frente de la enología está Bernardo Bossi, con paso previo por Catena Zapata, combinando distintas técnicas de fermentación y crianza para lotes de identidad marcada. Un vino que no busca imponerse por peso ni por marketing, sino ganarse a quien lo prueba con equilibrio y carácter bien logrado.
Crios
1Luján de Cuyo, Mendoza
Crios nació como un gesto personal antes que como una línea comercial: Susana Balbo —la primera mujer en recibirse de enóloga en la Argentina— la dedicó a sus hijos, José y Ana, cuando en 1999 decidió, después de treinta años trabajando para bodegas ajenas, tener por fin un proyecto propio. Susana Balbo Wines se instaló en Agrelo, Luján de Cuyo, al pie de la cordillera, y Crios quedó como la puerta de entrada al portfolio de la casa, el vino pensado para el día a día sin resignar el criterio técnico que distingue a toda la producción familiar. Con el tiempo, la línea sumó variantes orgánicas bajo el nombre Crios Sustentia, en sintonía con una vitivinicultura cada vez más consciente de su impacto. Vinos frutados, de tomar joven, elaborados con la misma exigencia que sus hermanos mayores de la bodega.
Cruz Alta
1Coquimbito, Maipú, Mendoza
Cruz Alta lleva el sello de Bodega La Rural, una de las casas de vino más antiguas de Mendoza: la fundó en 1885 el inmigrante italiano Felipe Rutini en Coquimbito, Maipú, la primera zona vitivinícola de la provincia, bajo el lema "Labor et Perseverantia" y en sociedad con Ángel Cavagnaro. Ese predio alberga hoy el Museo del Vino San Felipe, un proyecto que imaginó el propio hijo de Rutini en 1945 y que terminó de concretar su sobrino Rodolfo Reina Rutini, con más de 4.500 piezas que repasan la historia de la vitivinicultura nacional. Sobre esa base centenaria se apoya Cruz Alta, elaborado con Malbec criado varios meses en roble francés y americano, con un perfil de fruta madura, especias y un toque de vainilla bien integrado — la síntesis de lo que representa La Rural: tradición real puesta al servicio de un vino pensado para tomarse.
DV Catena
4Mendoza, Argentina
Detrás de las siglas DV está un homenaje: Domingo Vicente, el padre de Nicolás Catena, segunda generación al frente de lo que hoy es Bodega Catena Zapata. La historia arranca en 1902, cuando el inmigrante italiano Nicola Catena plantó las primeras vides de Malbec en Mendoza; su hijo Domingo llevó la bodega familiar a otro nivel, y desde los años 60 Nicolás Catena impulsó la exploración de las zonas altas mendocinas que hoy definen la identidad de sus vinos. DV Catena ocupa un lugar central en ese universo: nace de ensamblar uvas de distintos viñedos y alturas, buscando una complejidad real sin perder equilibrio ni accesibilidad. Es el punto justo entre las etiquetas de entrada y las íconos de alta gama como Adrianna Vineyard o Nicolás Catena Zapata, con la firma de una de las familias que reescribió el mapa del vino argentino.
Desquiciado
2Tupungato, Valle de Uco, Mendoza
En Tupungato, en pleno Valle de Uco, Gonzalo Tamagnini y Martín Sesto convirtieron una amistad de años en un proyecto de vino propio: Desquiciado, cuya primera cosecha conjunta llegó en 2015. Gonzalo aporta el oficio de haber probado técnicas distintas cosecha tras cosecha; Martín, más de una década de trayectoria en la industria antes de animarse a hacer sus propios vinos. El resultado es una bodega chica que se declara sin vueltas: busca la mejora constante, la experimentación y algo de riesgo antes que la fórmula segura. Trabajan Malbec, Cabernet Franc, Chardonnay, Syrah y Garnacha, además de rosados y blends blancos, siempre apoyados en la altura y la enorme variedad de suelos que hicieron del Valle de Uco el terruño de moda de los últimos veinte años.
Durigutti
1Las Compuertas, Luján de Cuyo, Mendoza
Los hermanos Héctor y Pablo Durigutti, oriundos de Rivadavia, ya habían hecho carrera en bodegas de renombre cuando en 2002 decidieron construir algo propio: un proyecto familiar pensado a largo plazo. Se instalaron en Las Compuertas, el rincón más frío de Luján de Cuyo, y en 2007 dieron un paso clave al comprar cinco hectáreas de Malbec de más de cien años junto a su propia bodega, hoy sede del Proyecto Las Compuertas. Mientras buena parte del boom vitivinícola miraba hacia el Valle de Uco, ellos apostaron por las zonas históricas de Mendoza, fieles a la convicción de que ahí estaban los mejores viñedos viejos del país. El resultado son Malbecs de perfil moderno y personalidad marcada, hechos por manos que conocen cada surco de esa tierra desde antes de que estuviera de moda.
El Enemigo
2Mendoza, Argentina
Todo empezó en Londres, en 2009, cuando Alejandro Vigil —enólogo de Catena Zapata desde 2002— y Adrianna Catena, historiadora recién doctorada en Oxford, caminaron juntos por el Támesis charlando de historia. De esa conversación nació Aleanna, la bodega que fundaron en 2008 combinando sus nombres. El Enemigo es la línea que abre ese universo: varietales que van del Malbec al Cabernet Franc, pasando por Chardonnay y blends, elaborados con levaduras indígenas y mínima intervención, buscando que hable el lugar antes que la técnica. Las uvas llegan de parcelas de altura en Gualtallary, Agrelo, El Cepillo y Los Chacayes, un mosaico de terruños mendocinos que Vigil y Catena leen con el mismo rigor con que se lee la historia. Vinos con carácter, pensados para quien busca algo distinto a la etiqueta prolija de siempre.
Gran Enemigo
1Gualtallary, Tupungato, Valle de Uco, Mendoza
Si El Enemigo es la puerta de entrada al universo de Aleanna, Gran Enemigo es su versión más exigente: la línea de parcela única que Alejandro Vigil elabora en Gualtallary, Tupungato, a más de 1.400 metros sobre el nivel del mar, sobre suelos calcáreos y pedregosos plantados a altísima densidad. Ahí el protagonista es el Cabernet Franc —con un toque de Malbec—, criado en fudres en lugar de barricas chicas, buscando textura y mineralidad antes que madera. El reconocimiento no tardó: el Gran Enemigo Gualtallary 2012 fue elegido mejor vino de Argentina en 2016 por la revista estadounidense Wine Advocate, con 98+ puntos, uno de los puntajes más altos logrados por un vino argentino. Es la cara más austera y contemplativa del proyecto de Vigil y Adrianna Catena, pensada para guardar y para pensar cada copa.
Indama
1Colonia Caroya, Córdoba
Dentro del proyecto de Bodega Terra Camiare, en Colonia Caroya, Córdoba, Indama es la línea que mejor resume su espíritu inquieto: vinos que nacen del diálogo entre uvas propias de la región, como la Isabela, y varietales clásicos como Chardonnay, Viognier, Malbec y Cabernet Franc. Su rosado, de hecho, tiene una anécdota que lo dice todo sobre la casa: nació de un accidente de bodega, cuando una enzima clarificante pensada para tintos terminó virando el color hacia un rosado que se quedó como parte del catálogo. Detrás está el trabajo del enólogo Gabriel Campana, que combina viñedos de Colonia Caroya y Calamuchita para lograr blends frescos y gastronómicos. Es una muestra de que la vitivinicultura cordobesa, con raíces en la inmigración friulana de comienzos del siglo XX, tiene hoy una voz propia y sin miedo a experimentar.
Judas
1Mendoza, Argentina
Judas nació en 2005 de la mano del enólogo Adrián Toledo en Bodega Sottano, en Perdriel, Luján de Cuyo, y con el tiempo se convirtió en uno de los vinos de culto de la vitivinicultura mendocina: en 2025 cumplió veinte años en el mercado sin perder vigencia. El Malbec original se completó con etiquetas de distintos terruños —Perdriel, Altamira en San Carlos y Gualtallary en Tupungato— y con una familia de vinos que juega con el imaginario bíblico del nombre: El Beso de Judas, La Piel de Judas, El Deseo de Judas, hasta una edición especial llamada La Biblia de Judas. Aromas de cerezas, especias, cassis, tabaco y chocolate con un toque de menta lo definen en boca. Dos décadas después, sigue siendo la etiqueta que puso a Sottano en el radar de quienes buscan Malbecs de autor con personalidad fuerte.
Krontiras
1Perdriel, Luján de Cuyo, Mendoza
La historia de Krontiras empieza con una pareja que se enamoró de Mendoza: Constantino, griego, y Silvina, argentina, decidieron en 2005 invertir en la provincia con la idea de dejarles un legado a sus hijos, descendientes de Grecia. Con el asesoramiento del enólogo Panos Zoumbolis compraron un viñedo antiguo en Perdriel, Luján de Cuyo, y otro en Maipú, que convirtieron a la agricultura orgánica en 2009 y a la biodinámica en 2012 —de las primeras bodegas del país en dar ese paso—. La bodega, diseñada por los arquitectos Fernando Klein y Silvina Macipe, sigue principios de geometría sagrada para integrarse al paisaje. El Malbec es el corazón de la propuesta, acompañado por Tempranillo y Petit Verdot de vides viejas, una manera de traer las raíces mediterráneas de la familia hasta el pie de la cordillera.
La Linda
1Vistalba, Luján de Cuyo, Mendoza
La Linda toma su nombre de un gesto simple: el cariño por el paisaje andino que se ve desde la sede de Bodega Luigi Bosca, en Luján de Cuyo. Esa bodega fue fundada en 1901 por la familia Arizu, inmigrantes vascos de Navarra, en sociedad con la familia Bosca de Piamonte —de ahí el nombre que combina ambos apellidos—. Dentro de ese universo con más de un siglo de historia, La Linda es la línea que nace de uno de los viñedos más antiguos de la casa: un cuadro de casi 60 años ubicado en Vistalba, corazón de Luján de Cuyo. Son vinos frescos, sin paso por madera, pensados para mostrar la fruta y la varietal sin artificios, la puerta de entrada más honesta a una bodega familiar que lleva más de un siglo haciendo vino en la misma tierra.
Las Perdices
1Agrelo, Luján de Cuyo, Mendoza
La familia Muñoz López llegó a la Argentina en 1952 desde Andalucía y, tras años dedicados a la venta de uva, empezó a cultivar viñedos propios en 1958. En 1972 se convirtieron en pioneros de Agrelo, Luján de Cuyo, y en 1977 levantaron su primera bodega en Vistalba, todavía solo para vino a granel. Recién en 2004 nació Viña Las Perdices como marca propia, con las primeras botellas en el mercado en 2006, ya bajo la conducción de Juan Muñoz López, su esposa Rosario y sus hijos Nicolás, Estela y Juan Carlos. El nombre nace de las perdices que poblaban el terreno cuando llegó la familia: aves que no migran y hacen del lugar su casa a fuerza de trabajo, la misma filosofía que atraviesa la bodega. Hoy manejan 93 hectáreas en Agrelo, con viñedos de más de 45 años conviviendo con plantaciones nuevas.
Los Intocables
1Valle de Pedernal, San Juan
En el fondo del Valle de Pedernal, a los pies de la Cordillera, Finca Las Moras encontró en San Juan un terruño distinto al de Mendoza para animarse a experimentar. De ahí nació Los Intocables, el primer vino argentino de alta gama añejado en barricas de roble americano que antes contuvieron bourbon, un gesto poco común en la vitivinicultura local que le da a este Malbec 100% un perfil singular: violeta profundo con matices casi negros, taninos redondos y notas dulces y ahumadas heredadas de la madera. Las uvas provienen de plantas de muy bajo rendimiento por cepa, elegidas para concentrar fruta e intensidad. Fermenta 18 días en tanques de acero antes de pasar 12 meses en esas barricas ex-bourbon. Un vino pensado para quienes ya conocen el Malbec mendocino y buscan algo con más carácter y menos convención.
Luca
1Valle de Uco, Mendoza
Laura Catena, médica formada en Harvard y Stanford e hija de Nicolás Catena, fundó Luca en 1999 casi por accidente: un año antes había conocido a un viñatero del Valle de Uco dueño de un viñedo de vides viejas de Malbec y quedó decidida a hacerle justicia con un vino propio. Convencer a los productores multigeneracionales de La Consulta de bajar rendimientos en favor de la calidad fue el primer desafío del proyecto. El resultado es una bodega chica, enfocada en viñedos familiares de altura y vides añosas, donde Laura aplica la misma rigurosidad científica que en su otra vida como investigadora de Catena Zapata. El nombre Luca no tiene nada de marketing: es el de su primer hijo, y resume el espíritu de un proyecto pensado en términos personales antes que comerciales.
Manos Negras
2Chachingo, Mendoza
Detrás de Manos Negras hay dos nombres que pesan en la vitivinicultura argentina moderna: Jeff Mausbach y Alejandro Sejanovich, que se conocieron trabajando juntos en Catena Zapata y en 2010 decidieron armar un proyecto propio centrado en el terruño y el trabajo artesanal. Sejanovich, tras 16 años como director de viñedos de Catena Zapata y elegido mejor enólogo del año por el crítico británico Tim Atkin, aportó su experiencia pionera en vides de altura e investigación de clones de Malbec. El primer catálogo de la bodega incluyó apenas tres etiquetas: un Pinot Noir patagónico, un Malbec de Paraje Altamira y un Torrontés sanjuanino. En 2016 empezó a construirse la bodega física en Chachingo, Mendoza. El nombre es un homenaje a quienes todavía hoy se manchan las manos elaborando vino, oficio a oficio.
Nicasia Vineyard
1La Consulta, San Carlos, Valle de Uco, Mendoza
Nicasia no es una bodega tradicional sino un viñedo con nombre propio dentro del universo de Catena Zapata, plantado en el distrito de La Consulta, San Carlos, a 1.095 metros sobre el nivel del mar. Es la única finca de la zona sembrada íntegramente con los clones propios de Malbec desarrollados por la familia Catena, en una región que ya elegía Domingo Catena, padre de Nicolás, como su preferida para esta variedad. El suelo, de topsoil franco muy poco profundo sobre subsuelo de piedras de río, drena en exceso y obliga a la planta a esforzarse lo justo para concentrar fruta. La vinificación incorpora un 10% de racimo entero fermentado junto al resto en barricas nuevas de roble francés, con 18 meses de crianza posterior. Un vino de autor dentro de un portfolio gigante.
Norton
1Perdriel, Luján de Cuyo, Mendoza
Pocas bodegas argentinas pueden contar una historia tan larga como Norton. La fundó en 1895 el ingeniero ferroviario inglés Edmund James Palmer Norton, que había llegado al país para trabajar en el Ferrocarril Trasandino y terminó plantando vides francesas en Perdriel, Luján de Cuyo: la primera bodega al sur del río Mendoza. En 1910 fue pionera en embotellar vino de origen en Argentina, y en 1994 se contó entre las primeras en producir Malbec bajo la flamante Denominación de Origen Luján de Cuyo. Desde 1989 es propiedad de la familia austríaca Swarovski: Gernot Langes-Swarovski la compró ese año, y su hijo Michael Halstrick, radicado en el país desde 1991, la preside desde entonces. Hoy sus cinco fincas suman más de 1.200 hectáreas, de las cuales 680 están cultivadas.
Penedo Borges
1Alto Agrelo, Luján de Cuyo, Mendoza
La historia de Penedo Borges empieza en Río de Janeiro, no en Mendoza. En 2004, Euclides Penedo Borges, ingeniero civil brasileño que había desarrollado su pasión por el vino viajando por trabajo y que llegó a dirigir dos veces la Asociación Brasileña de Sommeliers, cruzó la cordillera buscando el terruño ideal para hacer su propio vino. Lo encontró en Alto Agrelo, Luján de Cuyo, donde una finca de cultivos mixtos se transformó en un viñedo de precisión y una bodega boutique que hoy lleva su apellido. La producción es deliberadamente chica, unos 175.000 litros al año, y cada detalle del proceso se supervisa de cerca, algo típico de un proyecto nacido del gusto personal de su fundador y no de una lógica de escala. Un ejemplo de cómo Agrelo también atrae a extranjeros enamorados del Malbec mendocino.
Perro Callejero
1Mendoza, Argentina
Perro Callejero es una de las etiquetas de Mosquita Muerta Wines, el proyecto que José Millán, empresario sin antecedentes en el vino, empezó a construir en 2009 en la bodega familiar Los Toneles, en la ciudad de Mendoza. La familia Millán reúne uvas de más de 800 hectáreas propias distribuidas en zonas altas del Valle de Uco (Gualtallary, Vista Flores, El Manzano, Chacayes, La Consulta), además de Luján de Cuyo, Maipú y Agrelo, y las combina bajo la mirada del enólogo Pablo Bassin. El resultado son cortes de tintas directos y de buena estructura, pensados para tomarse sin ceremonias. Mosquita Muerta nació hace poco más de una década y ya es un caso citado en la vitivinicultura mendocina como ejemplo de un proyecto sin trayectoria familiar previa que se ganó un lugar entre los conocedores.
Pispi
1Mendoza, Argentina
También bajo el paraguas de Mosquita Muerta Wines, el proyecto que José Millán empezó en 2009 en Mendoza, Pispi es un corte de cinco variedades tintas (Malbec, Petit Verdot, Bonarda, Cabernet Franc y Merlot) que reúne uvas de distintos puntos de la provincia: Valle de Uco, Luján de Cuyo, Medrano y Mendoza capital. La fermentación ocurre en huevos de hormigón con levaduras nativas del viñedo, durante 25 días a baja temperatura, buscando conservar la fruta varietal y sumar complejidad aromática; una parte del corte pasa además 12 meses en barricas de roble francés de segundo uso. Es un vino de ensamblaje pensado como ejercicio de estilo, y resume bien la filosofía de Mosquita Muerta: mezclar orígenes y variedades sin miedo para construir un perfil propio, distinto del Malbec puro que domina las góndolas.
Pyros
1Valle de Pedernal, San Juan
Pyros nació en 2008 por la obsesión de un solo hombre: Myndert Pon, el empresario neerlandés que había fundado Bodegas Salentein en el Valle de Uco, quedó tan impactado al conocer el Valle de Pedernal, en San Juan, que compró 350 hectáreas y plantó 80 con Malbec ese mismo año. El nombre hace referencia al pedernal, la piedra de sílex que da nombre al valle y que produce chispas al golpearla, una imagen bastante literal del estilo de estos vinos: salvajes y a la vez elegantes. Desde 2010 la dirección enológica está en manos de José "Pepe" Galante, una de las figuras que transformó la vinificación argentina desde los años 80. A 1.400 metros de altura, sobre suelos calcáreos de origen marino de 480 millones de años, Pyros propone una lectura distinta del Malbec sanjuanino: más mineral, menos frutal.
Rutini
1Tupungato, Valle de Uco, Mendoza
Pocas firmas argentinas pueden reclamar una continuidad tan larga como Rutini. Todo empezó en 1885, cuando el italiano Felipe Rutini fundó Bodega La Rural en Coquimbito, Maipú; hacia 1924 la bodega ya estaba plantando viñedos en el entonces despoblado Valle de Uco, y en la década de 1930 sumó variedades finas en Tupungato, una apuesta adelantada varias décadas a la fiebre actual por la zona. En 2008 se inauguró la planta de Rutini Wines en Tupungato, a más de 1.000 metros de altura, donde hoy se elaboran etiquetas como Felipe Rutini, Apartado o Colección Rutini. Al frente de la enología está Mariano Di Paola, nacido en Palmira y criado en la bodega de su abuelo, con más de tres décadas dirigiendo el equipo y un lugar entre los treinta mejores enólogos del mundo según la revista Decanter.
Saint Felicien
1Mendoza, Argentina
Saint Felicien tiene una anécdota fundacional que pocos vinos argentinos pueden igualar: nació en 1963 cuando Nicolás Catena decidió que un Cabernet Sauvignon de sus viñedos merecía algo más que compartir etiqueta con las líneas tradicionales de la bodega, y así se convirtió en el primer vino argentino en indicar la variedad en la etiqueta, siguiendo una costumbre que Catena había visto en Estados Unidos. El nombre, curiosamente, no tiene nada de francés en su origen real: es un homenaje afrancesado a Feliciano, un viejo amigo italiano que siempre lo alentó a hacer vinos de alta gama. Para la etiqueta original convocó al artista Carlos Alonso, autor de la obra "Los Viñateros". Más de sesenta años después, Saint Felicien sigue siendo parte del portfolio de Catena Zapata y un punto de entrada clásico al Cabernet Sauvignon mendocino.
Sapo de Otro Pozo
1Valle de Uco, Mendoza
Detrás de esta etiqueta irreverente está Mosquita Muerta Wines, un proyecto que desde 2010 elabora blends premium con una identidad que no pasa desapercibida: la propia marca se define como "el equipo visitante", la que juega distinto a las reglas convencionales. Sapo de Otro Pozo nace de viñedos de altura en el Valle de Uco, por encima de los 1.000 metros sobre el nivel del mar, donde la amplitud térmica moldea uvas de gran concentración y frescura. Su blend insignia combina Malbec, Syrah y Cabernet Franc, cosechados y seleccionados a mano, buscando estructura sin perder la fruta franca típica de los tintos jóvenes de la zona. El proyecto fue reconocido por la guía Descorchados en 2022 y 2023, y obtuvo puntajes de Robert Parker en 2022 — un aval de calidad para una propuesta que apuesta a la audacia antes que a la solemnidad.
Socavones
2Córdoba, Argentina
Detrás de Socavones está Terra Camiare, una bodega instalada en Colonia Caroya, a unos 52 km de la ciudad de Córdoba, en una zona que vio nacer, según cuenta la propia bodega, el primer vino americano que llegó a la mesa del rey Felipe V de España, hace más de 400 años. Ese linaje histórico es el punto de partida de un proyecto contemporáneo: viñedos repartidos por distintos terruños cordobeses, desde el Valle de Calamuchita hasta Colonia Caroya, que aportan variedades como Pinot Noir y Ancellotta. Al frente de la enología está Gabriel Campana, responsable de una línea que arrancó con el Socavones Semillón Capitulum I. El reconocimiento llegó rápido: en 2022 la guía Descorchados calificó con más de 90 puntos a cuatro vinos de Terra Camiare, la más premiada internacionalmente de la historia cordobesa.
Susana Balbo
2Luján de Cuyo, Mendoza
Susana Balbo fue la primera mujer en recibirse de enóloga en la Argentina, en 1981, y tuvo que abrirse camino en una industria que no esperaba mujeres al frente de una bodega: empezó en Cafayate, Salta, donde convirtió al Torrontés —hasta entonces una uva menor— en un blanco de referencia internacional. En 1999, tras tres décadas de trabajo en Mendoza y en el exterior, fundó su propia bodega en Luján de Cuyo, inicialmente bajo el nombre Dominio del Plata, hoy Susana Balbo Wines. Fue presidenta de Wines of Argentina durante tres períodos. Hoy la segunda generación ya tiene un rol central: su hija, Ana Lovaglio Balbo, dirige marketing y hospitalidad, y en 2013 abrió el restaurante de la bodega, Osadía de Crear. Su hijo, José Lovaglio Balbo, está a cargo de enología e innovación.
Tapiz
1Agrelo, Luján de Cuyo, Mendoza, Argentina
La familia Ortiz compró su primer viñedo en Tupungato en el año 2000 y, tres años después, adquirió la bodega de Agrelo que hoy lleva el nombre Tapiz, en pleno corazón de Luján de Cuyo. Al frente está Patricia Ortiz como presidenta, con Fabián Valenzuela como enólogo jefe —un rol que comparte desde 2012 con un socio de lujo: Jean Claude Berrouet, el enólogo retirado de Château Pétrus, que condujo 44 vendimias en esa bodega de Burdeos, colabora con el equipo de Tapiz. Esa mirada internacional convive con viñedos propios repartidos en varias de las zonas más estratégicas del país: Valle de Uco, Agrelo, Maipú, Luján de Cuyo y, más recientemente, la Patagonia Atlántica. El objetivo declarado de la bodega desde sus inicios fue elaborar vinos de alta calidad respetando el ambiente y los valores culturales de la región.
Trapiche
2Godoy Cruz, Mendoza
Todo empezó en 1883, cuando el empresario mendocino Tiburcio Benegas plantó un pequeño viñedo llamado El Trapiche en Godoy Cruz con cepas importadas. Ese origen modesto se convirtió, con el correr de las décadas, en una de las bodegas más grandes e influyentes de la Argentina, pionera en abrir mercados de exportación cuando casi nadie en el país pensaba en vender vino afuera. Hoy, con más de 140 años de historia ininterrumpida, Trapiche sigue apostando a la innovación: su enólogo jefe, Daniel Pi —elegido enólogo del año por el crítico británico Tim Atkin—, impulsó desde 2002 el giro hacia el Malbec y el Cabernet Franc que redefinió el perfil de la bodega, y creó la serie de Malbecs de viñedo único para poner en valor a pequeños productores mendocinos.
Trumpeter
1Tupungato, Valle de Uco, Mendoza
Trumpeter es la línea joven y accesible de Rutini Wines, con un vínculo con el Valle de Uco anterior a que la zona fuera reconocida internacionalmente: Rutini fue la primera bodega en plantar viñedos en Tupungato, hacia 1924-1925, cuando la región todavía era territorio casi virgen para la vid. Ese pasado pionero se traduce hoy en viñedos de entre 60 y 80 años que alimentan la línea Trumpeter, creada en 1999 y bautizada en homenaje al cisne trompetero, un ave que evoca elegancia y distinción. Su Malbec insignia pasa 12 meses en roble francés y se exporta a más de 30 países, con un perfil frutado, taninos suaves y una relación calidad-precio que lo volvió un clásico de las mesas argentinas. Desde 2008 se elabora en la planta que Rutini construyó en Tupungato, junto a las líneas más altas de la casa.
Wapisa
3San Javier, Río Negro
Wapisa es la apuesta patagónica de Fincas Patagónicas, el mismo grupo detrás de Tapiz y Zolo en Mendoza, que en 2015 llegó a San Javier, muy cerca de Viedma y a metros del mar, para plantar viñedos en la estancia Los Acantilados. La primera vinificación, en 2016, sorprendió incluso a sus propios enólogos con un puntaje de 95 sobre 100. Al frente de la enología está Fabián Valenzuela, el mismo que conduce Tapiz, lo que garantiza una mirada técnica compartida entre Mendoza y la costa rionegrina. El nombre Wapisa significa "ballena" en lengua yámana, un guiño directo a la cercanía del océano Atlántico que define el perfil salino y fresco de sus vinos. En 2019, junto a la Universidad Nacional del Comahue, la bodega sumergió 1.500 botellas de Malbec 2017 a diez metros de profundidad en el golfo San Matías, un experimento de crianza submarina que la volvió noticia mucho más allá del mundo del vino.