23 de agosto de 2026 · Martín R., Sommelier
Qué es un corte de vino (blend) y por qué cada vez hay más en Argentina
"Corte" es la palabra que usamos en Argentina para lo que en otros países se llama blend: un vino elaborado combinando dos o más variedades de uva en una misma botella, en vez de trabajar con una sola. No es una práctica menor ni un recurso para "estirar" un vino: para muchos enólogos, armar un buen corte es uno de los ejercicios más finos del oficio.
Vale un dato técnico que ayuda a entender mejor el tema: en Argentina, para que un vino se etiquete con el nombre de una sola variedad —"Malbec", por ejemplo— tiene que estar compuesto en un porcentaje muy alto (según la normativa vigente, no menos del 80%) por esa uva. Es decir que hasta un "varietal" puede tener, sin decirlo en letras grandes, un pequeño porcentaje de otra variedad sumado por el enólogo para redondear el perfil. Un corte, en cambio, es un vino donde esa combinación de variedades es protagonista y se declara como tal, muchas veces sin un nombre de varietal en la etiqueta principal, sino con un nombre de fantasía propio de la bodega.
La lógica de un corte es aprovechar que cada variedad aporta algo distinto: el Malbec suele dar cuerpo, fruta madura y una textura carnosa; el Cabernet Sauvignon aporta estructura, taninos firmes y potencial de guarda; el Cabernet Franc suma acidez, frescura y notas herbales; el Petit Verdot da color y un toque especiado; el Merlot suaviza y redondea. Combinados en las proporciones justas, el resultado puede ser un vino más completo y equilibrado que cualquiera de esas variedades por separado.
El estilo de corte más tradicional en Argentina —heredado directamente de Burdeos— combina Malbec, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Merlot y Petit Verdot en distintas proporciones, según el criterio de cada bodega. Es un estilo que muchas bodegas argentinas adoptaron para sus líneas más altas, justamente porque permite construir vinos con más capas de complejidad que un varietal puro.
También existen cortes con identidad más local, que combinan Malbec con Bonarda, Syrah o Tannat, buscando un perfil distinto al bordelés clásico: más frutal, con especias más marcadas, pensado muchas veces para acompañar el asado o la cocina argentina de todos los días sin la solemnidad de un corte de guarda.
Armar un corte es, en la práctica, un trabajo de ensamblaje que puede llevar meses: el enólogo prueba los distintos lotes por separado —a veces provenientes de distintos viñedos, distintas barricas, hasta distintas cosechas dentro de un mismo rango de calidad— y va ajustando proporciones hasta encontrar el equilibrio que busca para esa etiqueta en particular. Es un proceso bastante distinto al de un varietal, donde el trabajo está más puesto en respetar y no tapar lo que ya trae la uva.
Existe la idea, bastante instalada, de que un vino varietal es "más puro" y por lo tanto superior a un corte. No es así: son dos filosofías distintas de hacer vino, no una escala de calidad. De hecho, muchos de los vinos insignia más caros y elogiados de bodegas argentinas —los que suelen usarse como carta de presentación de una casa— son cortes, precisamente porque le permiten al enólogo mostrar toda su capacidad técnica en un solo vino.
La próxima vez que veas una etiqueta con un nombre de fantasía y sin varietal declarado, no asumas que están escondiendo algo: probablemente sea justamente un corte, pensado como la expresión más ambiciosa de esa bodega. Vale la pena leer la contraetiqueta, donde casi siempre se detalla el porcentaje de cada variedad que compone el vino.
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