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Maridaje con empanadas argentinas

No todas las empanadas son iguales: el relleno manda a la hora de elegir el vino.

Hablar de "el vino para la empanada" es un error de principiante — hay que pensar en el relleno. Entre el picante de una salteña, la dulzura de una humita y la salinidad de una de jamón y queso hay diferencias enormes que el vino tiene que acompañar.

Las empanadas de carne, con su condimento a comino y su toque de grasa, piden un Malbec joven y frutado, de taninos amables. Si son de las variantes más picantes (típicas del norte, con ají), un Cabernet Franc aporta la frescura justa para acompañar el picor sin sumar más intensidad.

La empanada de humita, cremosa y con la dulzura propia del choclo, cambia por completo de terreno: ahí un blanco como el Torrontés, con su perfil floral y frutado, arma un contraste mucho más interesante que cualquier tinto.

Para las de jamón y queso, más suaves y saladas, un Malbec rosado fresco o un Pinot Noir liviano funcionan mejor que un tinto con cuerpo. Y si la mesa tiene variedad de rellenos, un espumante es la opción comodín que no falla con ninguna.